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LA GUERRA CIVIL
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  En la primera mitad del siglo VII el mundo había experimentado muchos cambios. China prosperaba bajo el emperador Taizong. Las relaciones con los turcos eran delicadas, pero de momento los chinos llevaban las riendas. Sin embargo, la expansión china no era nada comparada con la vertiginosa expansión árabe. Bajo el tercer califa, Utmán, los árabes habían barrido a los persas, hasta el punto de que su rey Yazdgard III estaba arrinconado en Sogdiana luchando desesperadamente. Al Imperio Romano le habían arrebatado Siria y Egipto, como poco antes habían hecho los persas. Pero ahora la situación era diferente: Mientras el mazdeísmo persa no atraía en absoluto a los cristianos, las conquistas árabes iban seguidas de conversiones masivas al islam.
El Califa Umar había ordenado la expulsión de los judíos y los cristianos de Arabia, pero cuando los árabes invadieron persia aprendieron la técnica que los mazdeístas habían empleado con los judíos y cristianos: les permitían profesar sus creencias, pero estaban sometidos a tributos de los que los mazdeístas estaban exentos. Los árabes hicieron lo mismo. Por este y otros motivos, convertirse al islam era una forma fácil de mejorar el nivel de vida. Por ejemplo, así como los cristianos no tenían ningún escrúpulo en tener esclavos cristianos, un musulmán no podía ser esclavo de otro musulman, luego la conversión significaba el fin de la esclavitud. Esto no significa que los musulmanes no tuvieran esclavos. La Arabia preislámica ya importaba esclavos negros de las costas orientales de África, más al sur de Abisinia, y esta trata de esclavos se incrementó a medida que el islam se hizo más poderoso. La idea de que Dios había hecho a los negros para servir a los blancos es una de las ocurrencias judías que más aceptación ha tenido en la historia (después de la intolerancia, claro). Por su parte, los esclavos europeos eran principalmente eslavos. La Iglesia Católica era una de las principales propietarias de esclavos en la época.

Pero no sólo los esclavos eran atraídos hacia el islam. La expansión árabe estaba aportando enormes riquezas y botines de guerra, y la mejor forma de acceder a ellas (si no la única) era ser musulmán. La conversión al islam podría compararse con lo que en su día significó la obtención de la ciudadanía romana, con la diferencia de que Roma se resistió mucho tiempo antes de concederla a los pueblos que conquistó, mientras que los árabes la ofrecían a todo el que la deseara. Así se demostró que, por conservar sus creencias, muchos hombres están dispuestos a perder su vida, pero no tantos están dispuestos a perder su dinero.

Además, la religión islámica adoraba al mismo dios de los cristianos, garantizaba un paraíso similar al cristiano, tenía un ritual un poco más molesto, pero a la vez más simple, y se centraba en los aspectos más importantes de la vida cotidiana: la obligatoriedad de la limosna, la solidaridad entre todos los musulmanes, etc. Para los hombres, suponía una forma de vida más grata: el Corán permite el divorcio y la poligamia, lo cual, en tiempos de expansión, da pie a muchas posibilidades.

Es posible que muchos conversos por conveniencia no se tomaran muy en serio a Alá, pero lo cierto es que a partir de su conversión tenían que comportarse como musulmanes, y ello implicaba educar a sus hijos en el islam, por lo que al cabo de una generación el islam quedaba firmemente implantado allá donde llegaba. Más aún, la lengua árabe no tardó en sustituir a la griega y a la persa en todos los territorios conquistados.

Naturalmente, aunque las conversiones fueron masivas, hubo una parte de cristianos y mazdeístas que optaron por conservar sus creencias. Antes de la invasión árabe, algunos cristianos monofisitas de Egipto, ante las presiones de Constantinopla en pro del catolicismo, optaron por pasar a la clandestinidad y, en parte por seguridad y en parte como reacción nacionalista, abandonaron el griego y adoptaron la antigua lengua egipcia, aunque con un alfabeto moderno basado en el griego. Se les conoce como Coptos, que es una deformación de "egipcios". Aún hoy sobreviven en Egipto profesando su cristianismo monofisita. La lengua copta es una forma muy evolucionada de la lengua de los faraones.

En Persia algunos mazdeístas se concentraron en lo que actualmente es Irán y luego emigraron a la India, donde aún hoy sobreviven con el nombre de Parsis (una deformación de "persas"). Los parsis cuentan los años a partir del ascenso al trono de Yazdgard III. Algunos cristianos (nestorianos) acabaron en China.

Los judíos, por su parte, ya estaban acostumbrados a mantener su religión en sociedades gentiles, así que siguieron resistiendo. Los árabes no los miraban con muy buenos ojos (a causa de los problemas que Mahoma había tenido con ellos), pero fueron tolerantes, así que puede decirse que durante los primeros años del islam los judíos gozaron de cierta paz y prosperidad como no habían conocido desde siglos atrás.

El éxito del islam fue muy rápido, pero no tanto como para que desde Constantinopla pudiera captarse la situación desde el primer momento. Por el contrario, el emperador Constante II debía de pensar que los sirios y los egipcios no tardarían en desear que les liberaran de la "opresión árabe", y por ello insistía en promover el monotelismo como una vía de acercamiento que permitiera en el momento propicio reconquistar los territorios perdidos. En 645 los árabes aplastaron una revuelta en Alejandría, que sería la última.

En 646 se celebró el VII Concilio de Toledo que refrendó las drárticas medidas que el rey Chindasvinto había tomado contra la nobleza y decretó la excomunión perpetua para quien conspirara contra el rey. Chindasvinto dictó numerosas leyes encaminadas a igualar el marco legal de los godos y el de los hispanorromanos.

En 647 murió en la India el rey Harsa, su reino se fragmentó y la cultura sánscrita entró en decadencia.

En 648 el emperador Constante II promulgó un decreto por el que prohibía toda discusión cristológica.

El siguiente objetivo del  Califa Utmán era, naturalmente, apoderarse de Asia Menor y luego de Constantinopla. Para ello mandó construir una flota. Los árabes no tenían ninguna experiencia en el mar, pero ahora contaban con marineros de los pueblos conquistados. Su primer ensayo fue la isla de Chipre, que fue tomada en 649 (aunque sólo temporalmente).

El rey Chindasvinto nombró heredero a su hijo Recesvinto, lo que aumentó el descontento de la reprimida nobleza visigoda. Ese mismo año murió el Papa Teodoro I, que fue sucedido por Martín I. Inmediatamente convocó un concilio que condenó el monotelismo, contraviniendo así el decreto imperial del año anterior.

También murió el emperador chino Taizong, y fue sucedido por su hijo Gaozong. Los turcos orientales se reorganizaron y volvieron a ser una amenaza para China.

Las ciudades mayas formaron una confederación. A la cabeza de todas ellas estaba el halach-uinic, con poderes civiles y tal vez religiosos. El monarca nombraba, tras un examen, a los bataboob, o jefes de las ciudades, entre los miembros de la nobleza. Éstos tenían a la vez el poder político y judicial, y gobernaban asesorados por los ah holpopoob (consejeros). También recaudaban los tributos que debían entregarse al halach-uinic. La clase sacerdotal era hereditaria, al igual que la nobleza. Estaba dirigida por el ahuacán, o señor serpiente. Los chilanes, o adivinos, proporcionaban las respuestas de los dioses. Los mayas desarrollaron un panteón complejo, a la cabeza del cual estaba Itzamná, hijo de Hunab Ku, el creador del Universo. Los dioses mayas estaban muy relacionados con los de las culturas vecinas, por ejemplo, Kukulkán era la versión maya de Quetzalcoatl, y Chac, el dios de la lluvia, estaba relacionado con Tlaloc y era uno de los dioses más importantes.

Los mayas poseían dos calendarios, uno ritual y otro solar. Ambos coincidían una vez cada 52 años solares. Su estimación de la duración año era de 365,242 días, más precisa que la del calendario juliano vigente en Europa, que era de 365,25 días, (el valor real es de 365,2422 días). El año se dividía en 18 meses de 20 días y se completaba con unos días aciagos. El sistema aritmético era vigesimal, si bien tenía una irregularidad para compaginarlo con el calendario: la unidad se llamaba kin, 20 kines formaban un uinal, pero 18 uinales (identificados con los meses) formaban un tun. A partir de aquí se mantiene la regularidad: 20 tunes forman un katún, 20 katunes un baktún, etc. La numeración era posicional, como la nuestra. En particular tenían un signo para representar el cero. Sus conocimientos astronómicos les permitían predecir no sólo las fases de la Luna, sino también las de Venus.

En 651 murió el rey persa Yazdgard III mientras continuaba su lucha por defender frente a los árabes el extremo oriental de lo que había sido su imperio. Para ello llegó a solicitar ayuda a China. Tras su muerte Bactriana permaneció un tiempo como un débil reino independiente que continuó resistiendo al islam al tiempo que recibía cada vez más influencia china. Algunas ciudades importantes, como Samarcanda, tuvieron sus propios reyes.

Los árabes habían ocupado los reinos de Nobatia y Makuria, pero ese año se firmó un tratado de no agresión que reconocía la independencia de ambos reinos cristianos.

El noble visigodo Froya se sublevó contra Chindasvinto con la ayuda de los vascos, y logró poner sitio a Zaragoza. La rebelión fue aplastada por Recesvinto.

En 652 murió el rey lombardo Rotario, y fue sucedido por Rodoaldo.

Los ataques del Papa Martín I contra el monotelismo colmaron la paciencia del emperador Constante II, el cual lo hizo detener en la basílica de Letrán y en 653 fue conducido a Constantinopla. Allí fue condenado a ser descuartizado por el delito de lesa majestad, pero finalmente fue exiliado a los confines del Imperio, a la península de Crimea, al norte del mar Negro. El emperador marchó a Armenia, donde logró ciertas victorias, pero no pudo conquistar la parte de Armenia que había sido persa.

Ese mismo año murió el rey visigodo Chindasvinto y, según lo dispuesto, fue sucedido por su hijo Recesvinto. El nuevo rey convocó el VIII Concilio de Toledo, en el que trató de conciliar el perdón real con las severas leyes dictadas por su padre. De nuevo se estableció que en lo sucesivo serían los obispos y los nobles los que elegirían al rey.

También murió el lombardo Rodoaldo, que fue sucedido por Eriberto I.

En 654 Recesvinto promulgó el Liber Iudiciorum, un código legal inspirado en el derecho romano y que se aplicaba tanto a visigodos como a hispanorromanos. Así terminaba la doble legislación que había estado en vigor hasta entonces.

La flota árabe obtuvo un nuevo éxito al conquistar la isla de Rodas.

En Inglaterra, el ya anciano rey Penda de Mercia decidió declarar la guerra a Northumbria. No tenía motivos serios para ello, pues el rey Oswiu había hecho todo cuanto estaba en su mano para contentar a su fiero vecino. Contra su voluntad, Oswiu tuvo que luchar, y sus hombres lo hicieron con la fuerza de la desesperación. En este tercer enfrentamiento con Mercia, Northumbria obtuvo la victoria, Penda murió y Northumbria se convirtió en la mayor potencia de la isla. El hijo de Penda era cristiano y logró erradicar el paganismo en Mercia. El último reducto pagano en Inglaterra era Essex, pero su rey se convirtió bajo la presión de Oswiu. Así Inglaterra pasó a ser totalmente cristiana.

Aunque teóricamente un Papa era Papa de por vida, ante la necesidad de tener un Papa en Roma el clero decidió elegir uno a pesar de que Martín I seguía vivo en el destierro. La elección fue supervisada por el gobernador imperial de Roma, y recayó sobre Eugenio I, que consideró más prudente no manifestar opinión alguna sobre el monotelismo. San Martín I murió al año siguiente, en 655, a causa de los malos tratos, según se dijo.

En China, la Emperatriz Wang fue acusada de haber intentado envenenar al emperador. La concubina Wu Zhao fue nombrada Emperatriz, y apenas un mes más tarde hizo asesinar a Wang y a otra concubina.

Constante II siguió combatiendo a los árabes defendiendo Asia Menor. Sufrió varias derrotas frente a Muawiya, el gobernador de Siria, pariente del Califa Utmán. Luego se puso al frente de una flota con la que trató de destruir la flota árabe, Sin embargo, el encuentro fue desastroso, pues la flota imperial fue hundida, el emperador escapó con dificultad y tuvo que regresar huyendo a Constantinopla. De todos modos, la flota árabe sufrió daños serios y estuvo inoperante durante algún tiempo.

Cuando los árabes estuvieron en condiciones de enviar su flota contra la propia Constantinopla, el Imperio tuvo un golpe de suerte. El califa Utmán fue acusado de nepotismo. Se consideró que sus familiares recibían más de lo que les correspondía tanto en los puestos de gobierno como en los botines de guerra. Por esta época los gobernantes musulmanes ya habían olvidado las austeras virtudes predicadas por el Profeta. En 656 un contingente de soldados de Egipto buscó al Califa en su casa de Arabia y lo mató. Luego supervisaron la elección del nuevo Califa, que resultó ser Alí, uno de los yerno de Mahoma. Sin embargo, Aisa, viuda de Mahoma, encabezó la oposición, imputando a Alí la responsabilidad del asesinado de Utmán y ganó para su causa a Muawiya, el gobernador de Siria. Se inició así una guerra civil. El primer enfrentamiento fue la llamada batalla del Camello, en la que vencieron los partidarios de Alí. Éste envió a Aisa a Medina bajo escolta y luego trató en vano de someter a Muawiya. La guerra civil era más que una mera disputa entre dos aspirantes al trono. La antigua nobleza persa había recuperado su influencia mediante el apoyo a Alí, por lo que en el fondo se estaba librando una guerra entre el núcleo árabe del islam y los antiguos persas.

Ese mismo año murió el rey Sigeberto III de Austrasia, que dejó un hijo de cuatro años llamado Dagoberto, pero Grimoaldo, el Mayordomo de Palacio, lo envió a un monasterio en Irlanda y afirmó que su hijo había sido adoptado por el difunto rey antes del nacimiento de Dagoberto, por lo que le correspondía el reino en calidad de primogénito. El hijo de Grimoaldo se convirtió así en Childeberto III, pero la nobleza franca no entendía de adopciones. Para los francos la majestad de los merovingios era casi sagrada y Grimoaldo y su hijo no tardaron en ser asesinados con la ayuda de Clodoveo II de Neustria, que se convirtió así en rey de todo el reino franco.

En 657 Alí libró contra Muawiya la famosa batalla de Siffin. Se dice que Muawiya hizo colocar en la punta de las lanzas de sus soldados ejemplares del Corán, como signo de reconciliación. Tras la batalla, ambas partes se consideraron vencedoras, por lo que tanto Alí como Muawiya fueron considerados como Califas legítimos por sus respectivos partidarios. Alí instaló su capital en Kufa, una ciudad a orillas del Éufrates, unos sesenta y cinco kilómetros al sur de donde había estado Babilonia, que había sido fundada por los árabes poco después de la batalla de Qasidiya. Por su parte, Muawiya continuó en Damasco.

Ese mismo año murió Clodoveo II de Neustria y fue sucedido por su hijo de tres años Clotario III. Su madre Batilde ejerció de regente. También murió el Papa san Eugenio I, y fue sucedido por Vitaliano, elegido también bajo la supervisión del exarca de Ravena. Vitaliano se esforzó por no disgustar al emperador y tuvo que disputar la supremacía de la Iglesia al arzobispo de Ravena.

En China, la Emperatriz Wu nombró su propio primer ministro, y en poco tiempo se convirtió en la auténtica gobernante del país, por encima de su marido.

En 658 murió Samo, el franco que había fundado un reino eslavo treinta años atrás. Con su muerte desapareció también su reino. Sus súbditos eslavos se dividieron de nuevo en tribus desorganizadas.

Constante II dirigió una operación victoriosa contra los eslavos. A continuación dirigió su mirada a occidente. Bajo el Califa Utmán los árabes habían llegado hasta la Cirenaica, al oeste de Egipto. Era necesario fortalecer el exarcado de África para impedir su avance. En 660 marchó con parte de la corte a Tesalónica y al año siguiente, en 661, se instaló en Atenas.

Mientras tanto, el Califa Alí iba perdiendo partidarios. Un grupo de musulmanes, cansado ya de la guerra, pensó que podría terminar si los dos pretendientes eran asesinados. Trataron de llevar a cabo su plan, pero Muawiya logró escapar y sólo Alí fue asesinado. Muawiya no tardó en hacerse elegir Califa, pero no se atrevió a instalarse en Arabia, sino que convirtió definitivamente en capital a Damasco. Con Muawiya se inicia el que ha sido llamado Califato Omeya. Los partidarios de Alí no aceptaron la derrota y resistieron en Kufa alrededor de Hasán, el hijo mayor de Alí. No obstante, Hasán resultó ser un religioso amante del estudio y pronto renunció a toda pretensión al trono. Pese a todo, los partidarios de Alí resistieron en Kufa.

En 661 murió el rey lombardo Eriberto I, y dos candidatos, Pertarito y Godeberto, se disputaron la sucesión. Godeberto llamó en su ayuda a Grimoaldo, el duque de Benevento, pero en 662 Grimoaldo mató a Godeberto y se convirtió en el nuevo rey, tras lo cual cedió Benevento a su hijo Romualdo.

Constante II embarcó un fuerte ejército con el que se instaló en Tarento. Desde allí fortaleció África.

Los reinos francos de Neustria y Austrasia habían sido independientes durante mucho tiempo como para que en Austrasia admitieran de buen grado a un rey de Neustria. Las tensiones entre los nobles de uno y otro reino iban en aumento, así que los nobles de Neustria decidieron nombrar rey de Austrasia a Childerico II, hijo de Clodoveo II y hermano mayor del rey actual, Clotario III, (Childerico tenía entonces nueve años de edad).

En 663 Constante II logró conquistar el ducado de Benevento. Luego visitó Roma, donde al parecer se sintió decepcionado. Tal vez esperaba una ciudad mínimamente parecida a Constantinopla, pero lo que encontró fue una triste ruina. No tardó en marchar a Nápoles, de donde a su vez pasó a Siracusa. Allí fijó su residencia, desde donde planeaba organizar la resistencia frente a los árabes.

Tras varias campañas, China destruyó el reino coreano de Kokuryo e impuso su hegemonía sobre Silla. Los ejércitos japoneses fueron derrotados y se rompieron las relaciones políticas entre Japón y el continente. Sin dejar de reconocer la soberanía China, el reino de Silla se extendió sobre toda la península coreana, ocupando el antiguo reino de Paikche y el sur del antiguo reino de Kokuryo. Al norte surgió el reino de Palhae, que escapó al control de Silla y mantuvo relaciones con los pueblos bárbaros del norte.

En 664 se convirtió en Mayordomo de Palacio de Neustria Ebroíno, que pronto se convirtió en el auténtico gobernante del reino. Con la excusa de fortalecer la autoridad de Clotario III, lo que hizo fue fortalecer su propia autoridad sometiendo férreamente a la nobleza.

Una vez el cristianismo tuvo el camino expedito en Inglaterra, surgió como siempre el problema de la ortodoxia. Había dos iglesias cristianas en el territorio: la católica y la celta. La mayor autoridad civil de la época era el rey Oswiu de Northumbria. Él profesaba el cristianismo celta, pero su esposa era católica. Los sacerdotes de una y otra iglesia se disputaban el favor del rey, y sus amenazas sobre el fuego del infierno podían poner nervioso a cualquiera. Oswiu no estaba seguro de estar del lado correcto, así que convocó un sínodo en Whitby en el que escuchó los argumentos de ambas partes. Allí se expusieron asuntos tan trascendentales como la forma correcta en que los monjes debían tonsurarse: ¿Debían afeitarse el centro de la cabeza, dejando un círculo de cabello a imitación de la corona de espinas de Jesús?, ¿o debían dejarse un mechón de pelo en el medio? (Ésta era la costumbre celta, al parecer una reliquia de la religión de los druidas.) Los celtas citaron a Columba, pero lo que más impresionó a Oswiu fue el pasaje de la Biblia en el que Jesús dice: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia... Y te daré las llaves del Reino de los Cielos". Los obispos explicaron que esto significaba que Jesucristo había nombrado sucesor a Pedro, y que la línea sucesoria se había prolongado hasta el actual Papa de Roma, del cual ellos eran ministros. Oswiu se dirigió a los sacerdotes celtas y les preguntó si eso era verdad. Ellos tuvieron que reconocer que el pasaje había sido citado correctamente. "En tal caso - dijo Oswiu - debo adherirme a los seguidores de Pedro, no sea que, cuando muera y vaya al Cielo, me encuentre las puertas cerradas por el depositario de las llaves." Los obispos celtas se vieron obligados a abandonar Inglaterra y establecerse en Caledonia e Irlanda.

La expansión árabe
Índice El Islam contra Constantinopla

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